Mostrando entradas con la etiqueta fobias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fobias. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de junio de 2008

Miedos VI

Por fin conoceré al Maestro G.G.M. Yo, como parte del comité organizador del Primer Encuentro Literario Hispanófono de las Américas se me ha encomendado la tarea de acompañarlo al estrado. Me han dicho que su equipo de seguridad es muy voluble y que debo tener cuidado con ellos.
Compré su último libro, aprovecharé la oportunidad para pedirle un autógrafo y si es posible tomarme una foto junto con él.
Llegó puntual, dos guardaespaldas lo escoltan muy cerca, le comento que yo lo llevaré a la mesa de honor situada en el estrado. Le pido que me autografíe su último libro, el guardaespaldas de la derecha un mulato gigantesco me hace cara, pero el Maestro toma el libro y me pide una pluma, se la doy con mucho gusto, no quepo en mi de la alegría; garabatea algunas palabras mientras caminamos, me devuelve el libro y se guarda mi pluma en la bolsa interior del saco, me mira con cara de circunstancia, cierro el libro y puedo afirmar que su mirada se torna más triste. Le indico la puerta por la cual tiene que entrar; el guarura moreno me empuja y mete su mano en el chaleco, el otro no le quita los ojos de encima al Maestro.
Quince minutos más tarde concluye su discurso el cual fue simplemente maravilloso, aunque su voz se quebró en algunas partes no sentí que fuese tan emotivo; su guardia de seguridad lo saca prácticamente cargando, me quedo parado sin saber que hacer mientras los veo alejarse, salir por la puerta de atrás y subirlo a un carro negro.
Miro su libro y recuerdo que de tanta emoción no me había atrevido a leer lo que me dedicó. Abro el libro y leo con letra apretadita y muy florida "Me tienen secuestrado, ayúdame" miro incrédulo una y otra vez las letras.
Jamás se volvió a saber del Maestro G.G.M., jamás le mostré a nadie esa última dedicatoria.

domingo, 18 de mayo de 2008

Miedos V

Acabo de colgar con el amor de mi vida, aunque no lo sabe. Me atreví a hacer la invitación para salir, después de tanto tiempo de conocernos y convivir y buscar la manera que se fije en mi y que no me rechace.
Sé que debo encontrar el vestido perfecto para la ocasión. Algo que muestre, pero que no ofrezca; con adornos sobrios y una bolsa ad hoc con la ocasión, zapatillas altas, sé que le enloquecen los tacones, poco maquillaje y el perfume que me regaló cuando cumplí 18, cuando aún me daba clases.
Hoy es el día, la semana transcurrió muy lenta, temí que algo malo sucediera, me saliera un barro en la punta de la nariz o que me fuera a buscar el tarado de mi ex, ya decidí qué hacer de mi vida, aunque todavía no sepa un carajo del cómo.
Me enfrentaré y saldré victoriosa, después de todo no pierdo nada y puedo obtenerlo todo. Desde aquí percibo su perfume, ya vi su bella silueta, su cabello cayendo rizado y negro sobre sus hombros. Parece mentira, nuestros vestidos se parecen. Creo que estoy a punto de vomitar mi corazón.
-- Hola Miss Helen, soy yo Nubia, su ex alumna, hablé con usted la semana pasada, así es, para platicarle del anuario del Colegio ¿se acuerda de mi?

domingo, 20 de abril de 2008

Miedos III

Ya no tengo sueño y ni así deseo dejar la cama, ¿a qué me levanto?, ¿para qué?
Llevo más de un mes así, no recuerdo la última vez que me bañé y mucho menos cuándo me miré al espejo. Siento como se endurecen las lagañas, el sabor amargo en mi boca, las ganas de quedarme así para siempre.
Alguien arroja mis cobijas al suelo, abre la ventana permitiendo circular aire fresco y luz, me coloca debajo de la regadera así, con mi pijama encostrada y abre la llave del agua, comienzo a temblar, el agua es fría; se desprenden las lagañas de mi rostro, el agua se entibia y el vapor va llenando el baño. A ese Alguien no le gusta verme así, me arranca las ropas empapadas y me coloca shampoo, me enjabona y una vez anjuagado el cabello me arroja una toalla limpia (pensé que ya no había de esas en mi departamento), me mira y le agradezco mientras cepillo mis dientes y esa amargura desaparece; al final de cuentas es ella por la única que vale la pena vivir. Le sonrío agradecida, esperando no volver a decepcionar a mi reflejo en el espejo.

miércoles, 16 de abril de 2008

Miedos II

Atanacio creció en el campo, en su choza de piso de tierra apisonada, los bichos y culebras andan de un lado para el otro; poco a poco los hijos dejaron la ranchería para irse al otro lado. De eso hace más de treinta y ocho años.
Durante ese tiempo la ciudad se fue acercando a la ranchería hasta tragársela completa. Atanacio siguió con su chocita de piso de tierra apisonada, pero el mayor de sus hijos le mandó a hacer una casita de mampostería y material en el mismo terreno, el otro de sus hijos mandó a los del gobierno para cercar el predio y llevarle luz; otro le compró muebles nuevos, pero Atanacio jamás dejó su petate. Un día como cualquier otro, el último hijo llegó con un aparato, Atanacio nomás vió que el muchacho entraba con una caja; el hijo menor lo puso en la recámara de su papá, lo conectó y lo encendió para darle una sorpresa a su viejo, pero no le dijo nada.
Cuando la visita se fué, Atanacio entró a su recámara y escuchó que alguien hablaba, pero sabía que estaba solo, eran muchas personas dentro de su recámara, y algunas gritaban otras cantaban, a cada rato hacían música pero no veía a nadie. Temeroso, decidió cerrar la puerta, pero seguía oyendo el relajo.
Esa noche y las siguientes, Atanacio durmió muerto de miedo en la sala, extrañándo su petate.

lunes, 14 de abril de 2008

Miedos I

Josuá, el claustrofóbico salió de su última consulta con su Psicólogo, estuvo a punto de dirigirse a las escaleras pero oprimió el botón. El ascensor abrió sus puertas; Josuá tragó saliva, inhaló profundamente y entró. El temor comenzó a descender junto con él.