jueves, 20 de noviembre de 2008

Escapes I

Raúl siente el viento en el rostro, la velocidad del vuelo que no es vuelo, que es simple caida. Sonríe y recuerda un video que vio hace poco tiempo, en donde un pájaro kiwi logra su sueño de volar a costa de su propia vida. Raúl dará la suya a cambio de dejar el dinero para el pago de la hipoteca, para educar a tres hijos, darle una nueva oportunidad a su mujer todavía guapa. Ella como siempre tan optimista, esta mañana lo despidió con un "No te preocupes mi amor, seguro hoy encuentras la manera de conseguir dinerito y mañana nos irá mejor; además Raulito ya necesita zapatos".
Deja arriba, en la azotea, sus angustias de desempleado, la vergüenza de ver sus calzoncillos agujerados, la amargura de un inservible título de licenciatura colgado en la sala y cagado por miles de moscas.
Afortunado él que no dejó de pagar su seguro de vida.
Sonríe y llora.
Ya sabe su valor, un millón de pesos. Sus hijos y su esposa aún no lo saben, pero algún día entenderan este último sacrificio.

4 comentarios:

Minerva dijo...

Mientras el vuela, el primer y último vuelo de toda su vida... su vida pasa en caravana de nostalgia. Es el poder del amor, el sacrificio... aunque, nadie lo obligó a hacerlo. Mientras halla vida, hay esperanza.... y mientras exista esa esperanza en el alma, hay amor. Hay otros caminos en la vida...

Gracias por escribir esto... es importante saber, cómo otras personas ven el mundo y cómo deciden vivir y hasta donde llegar.

Paz y Amor, sólo una silueta más desde el monte Parnaso

Hugo dijo...

una sola misión en la vida, cumplirla a como dé lugar.

Lograr la felicidad de una familia no tiene precio.

Juan de Lobos dijo...

Minerva:
Gracias por descender sobre mis letras que también son tuyas.
Bienvenida todas las veces que gustes, esta es también tu cueva.

Hugón:
Así es mi querido chunco, felicidad más grande no hay, simplemente no la hay y tu me has demostrado eso más de una vez. Te quiero.

Cuatroletras dijo...

Sabes, te leo y no siempre dejó comentario, por que a veces las letras no salen.

Y no soy de las que escriben por escribir.

Hoy me doy cuenta que me gusta estar aquí.

Regreso con gusto.