lunes, 2 de febrero de 2009

Lo que no se platica

Siempre me han dicho que soy idéntica a Marcela, mi madre, excepto por el nombre. Me llamo Ana; me cuentan que cuando ella tenía mi edad, le había roto el corazón a más de uno, fue así que después de insistir tanto, aceptó a mi Padre Fernando, un hombre formal y con un excelente futuro, completamente opuesto a su hermano gemelo, Hernán, mi tío.
Mi Padre siempre me consintió, era la niña de sus ojos, y yo encantada de recibir su cariño, cuando era niña le dije que quería casarme con él. El sonreía y me hacía cosquillas, con el tiempo a mi Madre ya no le agradaba que me sentara en sus piernas, ni que lo besara, yo no entendía, lo que sucedía o mejor dicho, creo que siempre lo supe es que en verdad ella se ponía celosa.
No sé cómo suceden estas cosas, después de la muerte de mi Padre, mi Tío se hizo prácticamente cargo de nosotros, al menos moralmente, ya que el pobre jamás consiguió un trabajo decente en su vida, pero nos hacía recordar a mi padre, la misma cara, los mismos ojos, pero la mirada distinta.
Los primeros días después de la muerte de mi Padre, fueron los más difíciles, desde esa noche en la capilla ardiente, el ver a mi Tío consolar a mi Madre y voltear y ver el mismo rostro pálido en el ataúd, me hicieron un daño enorme, así que desde ese día decidí que mi Padre no había muerto, al menos no para mi, porque podía verlo todos los días, podía acercarme a el y escucharlo, con una voz un poco diferente.
Mi Madre un día le pidió a mi Tío que no volviera a la casa, yo lo extrañé, extrañaba el rostro de mi Padre. No entendí el porqué mi Madre ya no lo quería en la casa, así que lo fui a buscar.
Llegué a la casa de la Abuela, él vivía con ella desde que se divorció, nunca tuvo hijos. Mi Abuela siempre se encontraba en su habitación, nunca bajaba, nunca salía. Yo tenía llave de la casa, cuando estaba en la secundaria llegaba a comer de vez en cuando, y mi Papá pasaba a recogerme, abrí despacio, sin hacer ruido, y entré a la casa, sabía que estaba haciendo mal, buscaba a mi Tío, los sonidos de una casa casi deshabitada, el tictac del reloj de la sala, el aroma de siempre, a viejo y a medicinas y a cosas que te recuerdan la navidad.
Caminé despacio, procurando no hacer nada de ruido, subí las escaleras y pasé delante de la habitación de mi Abuela, escuché la televisión a todo volumen, seguí caminando y dos habitaciones más adelante se encontraba la puerta de mi Tío entreabierta, estaba acostado en su cama, sin zapatos y leía uno de los libros con tapas de cuero, no alcancé a leer las letras doradas. Abrí despacio, después de haberlo espiado unos minutos, entré sigilosa y cuando me vio no hizo ruido, se hizo a un lado de la cama para dejarme espacio, cerré la puerta con cuidado.
Me preguntó, qué hacía aquí, mientras ,me acostaba a su lado, olía diferente, había estado bebiendo, pues un vaso reposaba en la mesita de noche. Quería preguntarle porque ya no iba a la casa, me dijo que mi Madre le prohibió regresar, me confesó que siempre había estado enamorado de ella, y que se lo dijo, ella se molestó y le pidió no regresar más. Yo lo abracé y me recargué en su pecho, percibí su loción y el tuntún de su corazón acelerándose, de reojo miré su pantalón y como comenzó a crecer su miembro por debajo de la tela.
Mi mano ya no me obedecía, bajó hasta tocarlo por encima del pantalón, mi Tío comenzó a acariciar mi cabello y buscó mi boca, nos besamos mientras él bajaba su bragueta y se quedaba expuesto, comencé a jugar con él, mientras sentía su lengua recorrer mi boca y mi cuello, su respiración se agitaba, la mía también.
Comencé a mojarme, una cosquilla indecente subía por mi cuerpo, su barba me raspaba y su aliento a whiskey me embriagaba también, me comenzó a llamar Marcela, y yo comencé a decirle Papá.


Para mi 4L

2 comentarios:

ironiadelirium dijo...

Muchas gracias por pasarte por mi sitio, te espero más seguido y nos estaremos saludando, también andaremos por acá al pendiente de tus letras :D!
Un abrazo!

Mariposa Tecknicolor dijo...

¡Excelso!

Te he encontrado por casualidad, de blog en blog, intentando dar con un filósofo y di contigo.
No sabes cómo me ha gustado leerte.

Estaré dándome vueltas por acá.
Saludos.