La brigada de Súper Policías, descendía de sus vehículos descubiertos, continúan el patrullaje a pie, los niños los rodean fascinados, los saludan, las capas ondeando a cada paso, sus botas brillantes, sus torsos desnudos luciendo impresionantes musculaturas, las máscaras azul marino y azul cobalto que cubren sus rostros, el resto del uniforme lo componen unas mallas reforzadas con rodilleras, existen dos tipos de máscaras, las primeras completas en las cuales solamente se asoman los ojos, la nariz y los labios del elemento policiaco, siendo estás las preferidas por los policías veteranos, las máscaras de los novatos con abertura en el mentón. Las nanas y las mamás suspiran por lo bajo al verlos, los hombres los miran con admiración y un poco de envidia.
Su imagen inspira respeto y emoción. Cada máscara aperentemente es idéntica una de la otra salvo por el número de placa de cada elemento, la delincuencia ha descendido considerablemente desde que se creó esta brigada policiaca, los ciudadanos se sienten más seguros y el turismo ha regresado a la ciudad, además de haber disminuído considerablemente los casos de vampirismo y licantropía.
En cuanto al combate de la delincuencia, este grupo especial de la policía capitalina ha desarrollado en base a la lucha libre mexicana una serie de movimientos de defensa personal y de sometimiento, son expertos en lucha al ras del pavimento e incluso se han reportado casos en los que los Súper Policías han hecho lances mortales desde buzones, bancas o botes de basura. La técnica más utilizada es "El sometimiento policial" una llave consistente en una palanca al brazo combinada manita de puerco. dolorosa pero que no deja secuelas graves.
Cada pareja de Súper Policías Detectives (el grado máximo entre los Súper Policías Operativos) cuenta con una patrulla descapotable de tipo deportivo, lo que deja las capas azules moverse libremente.
No es sencillo ingresar a la Académia Metropolitana de Lucha Policial, los mejores luchadores del país, tanto rudos y técnicos, ofrecen sus enseñanzas a todos los aspirantes a Súper Policías, después de tus primeros seis años en gymnasium (lo que equivale a la desaparecida educación primaria), los adolescentes cubren su servicio social deportivo en los distintos Gymnasiums superiores y de ahí eligen entre una carrera deportiva profesional social, ya sea en la policía, fuerzas armadas o como entrenadores.
Desde que se inició el programa de Gymnasiums la delincuencia juvenil, las adicciones y la obesidad han disminuído sensiblemente en toda la sociedad, la filosofía de la Lucha Libre Mexicana en donde los valores familiares son retomados de manera importante, la nocion ética del bien y del mal y la salud física como refuerzo a la salud integral han logrado grandes logros sociales. El programa se ha tratado de replicar en otros paises, sin embargo nada supera el espíritu mexicano.
Blog con narraciones y relatos cortos. Busco descubrir la manera de comprender mi vida a partir de las palabras compartiendo el placer de leer, de vivir, de SER.
lunes, 13 de octubre de 2014
martes, 30 de septiembre de 2014
Mexicalia I
De tantos sabores y colores se crea un mundo mágico, en donde todos son familia, donde todo es pachanga y apapacho aunque seas Güero o Prieto, donde todos beben y son felices y hasta cuando sufren cantan. Ésta es mi Mexicalia, el lugar ideal donde la Catrina camina del brazo de Cuauhtemoc, donde un humilde indito llegó a ser Presidente de la República y la comida es barata.
Mi Mexicalia en donde los cuentos de la abuela te hablan de Chaneques, de Chamanes y Nahuales, donde te hablan de la ciudad más grande del mundo y de sus más de cien museos, de sus palacios, de su Historia heróica. Un lugar a donde la vida es lo mismo que la muerte y que si estamos jodidos es porque lo merecemos, pero en donde cualquier cabrón hace lana.
Este mundo ideal, el de los cuentos narrados en nuestros libros de Historia, en donde muchos dan por hecho que la leyenda de los volcanes es verídica, logramos combinar lo más extraño del surrealismo con una variedad infinita de colores chillones. Todos bienvenidos, pero no todos salen bien de aquí, de este lugar de sueño y pesadilla, de contrastes y divisiones, que no vemos hasta vivir aquí.
Perdámonos en un mundo en el cual los Luchadores caminan por la calle y capturan hombres lobo o vampiras, al lugar donde suena el mariachi, donde cada alimento puede enchilarte hasta hacerte volar por los aires, donde los aztecas, danzan todos los días para que el Sol salga nuevamente, donde las cantinas son para los machos y ellos usan bigote y cantan como el que más, este lugar mágico donde no existe la muerte y si existe es de a mentiritas.
martes, 12 de agosto de 2014
Mi pequeña Simón
I.
El autoconocimiento
Cada día me es más difícil
sorprenderme, voy perdiendo desde hace tiempo la confianza y la fe en la
humanidad, mi capacidad de asombro solamente se ha centrado en las tantas y más
diversas formas en cómo los sicarios acaban con sus víctimas, muy pocas cosas
positivas me conmueven; me doy cuenta cuán mezquino me he vuelto, a cada
instante me pregunto si estoy haciendo lo correcto o solamente paso el tiempo
por pasarlo, hasta que el fin último me alcance. En unos días más cumpliré
cuarenta años, si es que llego.
II.
El encuentro.
Salía de una librería de viejo en
el centro de la ciudad, después de haber encontrado un par de novelas de
Ciencia Ficción de los años setentas, seguía obsesionado con escribir una
novela, un poco más por capricho que por verdaderas ganas, esas habían pasado
años atrás cuando me consideraba una promesa de la literatura internacional, un
lustro después me consideraba una promesa de la literatura nacional, desde hace
un par de años ya ni siquiera he pensado en creerme una promesa de nada, no sería
la primera promesa que rompo. Aun así seguía con mi proyecto interminable de
vida, la novela que a mi juicio revolucionaría la Ciencia Ficción de mi país, lo
que me hacía justificar mi cinismo aparente aunado con esa actitud de Escritor
sarcástico y atormentado que tanto le llama la atención a mujeres generosas y
sobreprotectoras.
La tarde como cualquier tarde, no
tenía nada de especial, ni tanto sol, ni tantas nubes, tampoco calor, una tarde
para el olvido, hasta el momento en que te volví a ver. ¿Cuánto tiempo había
pasado? ¿Tres años? Cuatro a lo más, caminabas diferente, eras la misma niña,
la más hermosa de la prepa, pero ya con algunos años más, definitivamente ya
eras mayor de edad, no dejé de verte y yo invisible para ti, pasaste a mi lado
y por un segundo pensé en seguir mi camino en sentido contrario, pero era una
tarde para el olvido y quise cambiar eso, por un instante volvía a tener el
control de mi vida.
Por un momento me sentí como el
Profesor Humbert Humbert, después de esos segundos de duda armándome de todo el
valor posible caminé más deprisa hasta casi alcanzarte, observé como mi brazo
cobraba vida propia y te tocaba en el hombro, de inmediato te volviste entre
asustada y enojada, no me reconociste, pensé en ofrecerte una disculpa y dar
media vuelta de inmediato pero algo me hizo pronunciar tu apellido y tratar de
esbozar una sonrisa. Es precisamente este momento el que jamás quiero olvidar,
en medio de la acera, con gente que nos rodeaba con su corriente de pasos
apresurados un río interrumpido por nosotros, un breve instante y después de
observar en tus ojos el evidente esfuerzo mental que correspondía a recordar mi rostro, sonreíste finalmente y pronunciaste mi primer nombre en
diminutivo. En esos instantes mi corazón volvió a latir.
Con la fugacidad del encuentro,
una extraña emoción de encontrarte después de no haber pensado en ti desde el
día de la graduación y ocasionalmente durante esos tres años soñarte. Instintivamente
me acerqué para besar tu mejilla, extendí mi mano torpemente para saludarte,
quise parecer más relajado, durante ese año de dar clase en la preparatoria me
hice fama de estricto e intransigente. Me sorprendió tu reacción, me abrazaste
y pude percibir tu delicioso aroma debajo del dulce perfume, te devolví el
abrazo pero me quedé con tu aroma, con tu sonrisa y mi nombre pronunciado por
tus labios. Comenzamos a caminar en el mismo sentido, bombardeándome de
preguntas, ¿Por qué no me quedé un año más en la prepa? ¿Por qué no fui a su
graduación? ¿Qué hacía ahora? ¿Qué sabía de los demás maestros? ¿Por qué no nos
habíamos vuelto a ver?
La tarde caía poco a poco,
entramos en un café de chinos, con la sorpresa del encuentro, fui despejando
tus dudas una por una, y yo comencé a preguntarte también, qué era de tu vida,
y qué hacías tan lejos de tu casa, no me respondiste de inmediato. volviste a
ser esa niña hermosa e ingobernable, voluntariosa y divertida, agarraste mi boina del perchero y te lo pusiste diciéndome que no me la ibas a devolver. Tomamos dos
tazas de café y compartimos unos bisquets, nos acordamos de alumnos y
maestros, de los chismes que siempre rondan en una escuela, extrañé esos
momentos de pararme frente al grupo, te confesé mi terror diario a enfrentar a
tu grupo en particular, nunca lo imaginaste siquiera, en verdad lo que me
aterraba era que te dieras cuenta que verte me ponía muy nervioso, me gustabas,
me sigues gustando y hoy que te veo me vuelvo a sentir cuatro años más joven,
cuatro años sin autosabotearme, cuatro años para volver a ser promesa de algo,
como maestro, como pareja, como novio, como amante, como escritor.
El tiempo voló, mi imaginación
también. Me ofrecí a acompañarte a tu casa, aunque no era tan tarde me
preocupaba que te fueras sola, pagué la cuenta y salimos al río de gente,
empezamos a navegarlo en lugar de solamente unirnos a la corriente, continuaban
las risas, tu risa maravillosa, y tu aroma y tu perfume. De las risas al
silencio, un silencio cómodo en el que ambos nos sentimos a gusto, te ofrecí mi
brazo y deslizaste el tuyo, tomé tu mano, a cada paso rejuvenecía y percibía cómo madurabas.
Rompiste el silencio, me dijiste que estabas perdida, que así te sentías, que
sentías que podías confiar en mi, tus ojos comenzaron a humedecerse y no
dijiste nada más. Yo también me sentí así, perdido.
III.
El reconocimiento
Siempre he sido adaptado, pero no
me gusta la gente, digamos que la tolero, multitudes, grupos, parejas, terminan
siempre por alejarse sin saber por qué, tal vez mi propio rechazo inconsciente,
pero hasta aquel encuentro contigo me di cuenta lo ajenos que somos los unos de
los otros, no nos interesa crear lazos, interactuamos, llegamos a sentir
afectos, pero al parecer no son lo suficientemente fuertes como para poder mantener
una relación unida, al platicar contigo caí en cuenta que estuvimos juntos todo
un año y jamás nos conocimos, a pesar de que ahora compartimos la sensación de estar perdidos, sin rumbo, sin muletas. Me pediste detenerme en la
esquina de la calle en donde vives, insistí en llevarte a la puerta de tu casa,
pero me pediste que no lo hiciera, ya no insistí aunque me bajé para abrirte la
puerta, me besaste en la mejilla y en esta ocasión yo te abracé, con la
intención de cubrirte con mis brazos y hacerte sentir protegida, volví a
envejecer mientras me despedía de ti.
Quedamos vagamente en volver a
vernos, tentativamente sería la siguiente semana el mismo día en el café de
chinos, no había nada que más deseara en verdad que volver a verte, quería comenzar a conocerte, enamorarte,
descubrir lo que durante ese año me fue vedado, ya eras mayor de edad como bien
supuse, pero no dejas de ser una niña. Te vi alejarte, quise con toda mi alma
que voltearas una última vez, lo hiciste y me regalaste una sonrisa más, agité
mi mano para despedirme de ti y un vacío enorme comenzó a apoderarse de mi
estómago, esa misma sensación que cuando empezaba a escribir mis cuentos en el
taller de literatura, la misma sensación antes de arrojarme de una plataforma
de cinco metros, la emoción de volver a ser una promesa.
Al día siguiente y los
subsecuentes no dejé de pensar en ti, me imaginaba besándote, abrazándote y
acariciando tus labios y tu cabello, volví a escribir, arrojé a la basura la
novela que durante tantos años utilicé como caparazón, traté de evocar tu
sonrisa, tu mirada al reconocerme y tu aroma, te imaginaba y escribía, escribía
y te imaginaba, mis días se convirtieron en una incansable búsqueda de
recuerdos, viajé cuatro años atrás en el tiempo, recordándote en las gradas
acompañada de tus amigos, mi primer clase con tu grupo, las constantes faltas
de tarea, pero tu curiosidad constante. Me sentía un poco perverso al pensar
tanto en ti, te imaginaba rodeada de flores, de besos, ilusionándome y deseándote, ya eres una mujer hecha y derecha en busca de tu lugar en el
mundo.
Durante las noches te
visualizaba, rodeada de tus compañeros, traté de recordar a alguien más, pero todos
los rostros eran difusos excepto el tuyo, la noche siguiente busqué el anuario y
encontré tu foto, te busqué en las páginas de actividades, aparecías en casi
todas, busqué mi foto y no estaba, al parecer ese día no me tomé la foto
oficial y nadie tuvo la amabilidad de decirme, aunque aparecía en las fotos de
la graduación y en un festival como maestro de ceremonias. Sonreí nuevamente,
mirarte se convirtió en un ritual antes de dormir.
A la semana siguiente llegué más
temprano de lo habitual, te había comprado flores y la mesera me miró
enternecida, pasaron los minutos y las horas. No apareciste. Una dolorosa ira
comenzó a inundarme, pagué mi cuenta y dejé las flores en la mesa, salí enojado
a la noche, salí entrechocando mis dientes, me prometí jamás volver a verte, pero
una inquietud me recorría el cuerpo, un temor profundo a no volver a
encontrarte, a no volver a saber de ti. Me dirigí hasta tu calle, la recorrí de
arriba abajo, pero jamás habría encontrado tu casa, estuve tentado en tocar
puerta por puerta, pero no creí que sirviera de mucho. Regresé a mi casa y miré
tus fotos una vez más.
IV.
La despedida.
Ya pasaron cuatro años más, no
volví a saber de ti aunque todas las noches te miraba. Llegaron los teléfonos
celulares y el internet, traté de encontrarte en las redes sociales y nada. Desde
esa noche cuando nos volvimos a ver además de ver tus fotos en el anuario,
comencé a escribir de nuevo, desde ese día a la fecha escribí tres libros, en
cada uno me imagino una vida a tu lado, eres la heroína de esos relatos,
vivimos aventuras, nos unimos y nos separamos y nos volvemos a encontrar,
solamente en palabras, en letras que guardan tu aroma, que llevan en cada frase
un poco de tu sonrisa, pero hasta ahora en ningún relato me atreví a mencionar cuánto te
amo.
viernes, 2 de mayo de 2014
Conteo de viernes
Regresas, a diversos lugares, a distintas situaciones que parecen las mismas, retornas, vuelves a ver a la misma gente, ahora tan igual, descubres que sin querer te dejas hacer y en veleta te conviertes, sin rumbo, pero sin sentirte perdido.
Es ahora, la vida la que retorna a ti, has sido paciente y la recompensa es esa, regresar mejor, regresar indistintamente , regresar al regreso, tener una nueva oportunidad.
Ya no eres quien fuiste, porque siempre has sido el mismo, eres lo mejor de ti, lo mejor de tus creencias y de tus miedos esto lo supiste siempre, pero ahora no es necesaria la intervención de nadie más para que lo veas en ti.
Cambias, mutas, regresas para seguir siendo el mismo.
Es ahora, la vida la que retorna a ti, has sido paciente y la recompensa es esa, regresar mejor, regresar indistintamente , regresar al regreso, tener una nueva oportunidad.
Ya no eres quien fuiste, porque siempre has sido el mismo, eres lo mejor de ti, lo mejor de tus creencias y de tus miedos esto lo supiste siempre, pero ahora no es necesaria la intervención de nadie más para que lo veas en ti.
Cambias, mutas, regresas para seguir siendo el mismo.
jueves, 3 de abril de 2014
Conteo de jueves
Sigo y ando, no puedo desandar y correr no me acercará al mañana, decido vivir para que en el trance tenga el derecho a morir. Morir al haber vivido, ya sea un minuto o toda esta vida que me recuerda que aún sin metas, que sin que sepas cómo, lo único cierto es el rastro que dehas detrás, cuando decides abandonar la brecha, cuando no te importa perderte, porque cualquier lugar es bueno cuando no tienes que llegar a un lugar determinado.
miércoles, 2 de abril de 2014
Conteo de miércoles
Cuando fui caballeroso, a nadie pareció importarle, mucho menos agradecerlo. Hoy me apatano a cada rechazo, a cada engaño propio o ajeno. Me vuelvo menos considerado, más amargo, menos abierto al engañoso contacto humano.
Palidezco al verme tan distinto ante el espejo, tan distinto de tus semejantes, tan solo.
Palidezco al verme tan distinto ante el espejo, tan distinto de tus semejantes, tan solo.
martes, 1 de abril de 2014
Conteo de martes
Te conviertes en todo aquello que las circunstancias van presentando en tu vida. Hoy tienes opciones, pero a veces muy poco valor para elegir. Te has convertido en una especie de receptor inmutable de todo lo que la vida te va trayendo.
Impasible, desorientado, trashumante en tu propio lugar, en el sitio en el que te encuentras.
Y a veces, te descubres abrazando, temeroso de todos los placeres del sexo, disfrutando de todos los que te permites, evocando en cada encuentro la figura de un para siempre.
Impasible, desorientado, trashumante en tu propio lugar, en el sitio en el que te encuentras.
Y a veces, te descubres abrazando, temeroso de todos los placeres del sexo, disfrutando de todos los que te permites, evocando en cada encuentro la figura de un para siempre.
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