Un adolescente de casi cuarenta años, desengañado y engañador de su vida. Propenso a la hipocondria, a las teorías de conspiración y a enamorarse perdidamente cada vez que puede.
Se cuestiona su propio ingenio, dejar de ser promesa y convertirse a través de puro valor en realidad. Ser lo que es, aceptarse por lo que es, amarse por lo que es, odiarse por lo que fue y seguir en esa maraña de develaciones y nuevas apetencias.
Hoy no quiere nada más, acepta que ya no tiene veinte y que sus ideas ahora son cosa de quien sabe lo suficiente y tiene la madurez de callarse, de aceptar, de observar.
Pues ha descubierto que cada vez sabe menos de todo, y lo aprendido ya no le sirve de nada.
Se queda en su propio encierro, en su propia selva, en sus propias limitaciones y pretextos, se esconde de si mismo y seguro se encuantra, crece, madura, se golpea de tanto en tanto y se deja golpear también. Y a veces responde, su furia lo convierte en lo que es, en ese ser cegado en rojo, que sabe como herir sin tocar y sin decir absolutamente nada, un témpano que a la postre se derrite enternecido y al borde de las lágrimas, que no se arrepiente y se envuelve de culpa, que no se asemeja a quien deseaba ser de niño, pero que sin dudarlo confiaría en si mismo para cuidar de él y de su vejez.
Es como todos, sueña como todos, se alegra y sufre, escucha canciones populares, populistas, se viste de rojo o de azul o de traje, o simplemente se desnuda y se exhibe alegando que el cuerpo es belleza porque acepta cada uno de los gramos de experiencia. Hoy sabe más que ayer, mañana no sabrá nada.
Con suerte nuestro personaje dejará de ser tal y se convertirá en persona.
Blog con narraciones y relatos cortos. Busco descubrir la manera de comprender mi vida a partir de las palabras compartiendo el placer de leer, de vivir, de SER.
lunes, 31 de marzo de 2014
viernes, 21 de febrero de 2014
Las calles repletas de coches, gente, de pequeños perros, osos, leones, flores andantes, frutas y hadas; los gritos de los padres al saludar a los hijos detrás de la cámara de un teléfono celular, el cielo azul, intenso despejado.
La primavera regresa nuevamente, el culto a la fecundidad que durante tantos siglos quedó prohibido, pero que en la parte más profunda del subconsciente aflora en esta época de calor, de aromas y colores.
El desfile de pequeños animales disfrazados de otros animales anima a un Dios que en varios arranques de aburrimiento ha acabado con todo lo que conocemos. sin embargo, aprovechando nuestra poca memoria y el hecho de haber sido destruídos, nos rehace una vez más en otro arranque de aburrimiento.
La primavera regresa nuevamente, el culto a la fecundidad que durante tantos siglos quedó prohibido, pero que en la parte más profunda del subconsciente aflora en esta época de calor, de aromas y colores.
El desfile de pequeños animales disfrazados de otros animales anima a un Dios que en varios arranques de aburrimiento ha acabado con todo lo que conocemos. sin embargo, aprovechando nuestra poca memoria y el hecho de haber sido destruídos, nos rehace una vez más en otro arranque de aburrimiento.
lunes, 28 de enero de 2013
Visión, cambio de.
No existe un mundo, existen cientos de miles, millones de mundos distintos, con diversos tiempos, con distintas perspectivas. Y todos esos millones de mundos convergen en éste espacio que hemos denominado como Tierra.
Cada ser humano, cada criatura viva en la Tierra, tiene una visión única de lo que vive, de lo que es, de lo que sabe. A nadie le saben igual las cosas, porque cada uno tenemos un gusto distinto, un olfato hecho a nuestras propias sensaciones, un tacto diferente a cada persona, animal o vegetal que conviven con nosotros. Es cierto, coincidimos y podemos comunicarnos, empatizamos, aprendemos y enseñamos, pero cada uno de nosotros tiene una meta propia, un sentido de vivir y de morir tan único hecho a cada quien. Nadie vivirá tu vida por ti, nadie tiene derecho a hacerlo, nadie te puede dominar.
Así te aterre, empezarás, tarde o temprano, a aprender a vivir.
Cada ser humano, cada criatura viva en la Tierra, tiene una visión única de lo que vive, de lo que es, de lo que sabe. A nadie le saben igual las cosas, porque cada uno tenemos un gusto distinto, un olfato hecho a nuestras propias sensaciones, un tacto diferente a cada persona, animal o vegetal que conviven con nosotros. Es cierto, coincidimos y podemos comunicarnos, empatizamos, aprendemos y enseñamos, pero cada uno de nosotros tiene una meta propia, un sentido de vivir y de morir tan único hecho a cada quien. Nadie vivirá tu vida por ti, nadie tiene derecho a hacerlo, nadie te puede dominar.
Así te aterre, empezarás, tarde o temprano, a aprender a vivir.
domingo, 6 de enero de 2013
Relámpagos amatorios
Fui hasta ese día, el discípulo más adelantado de Mauricio Garcés, me había dedicado en cuerpo y alma a aprender el arte de la seducción, poner en práctica por medio del ensayo y el error qué palabras decirle a qué tipo de mujer, escuchar pacientemente horas y horas de cháchara sin sentido con tal de llevarlas a la cama. La mayoría cedían a la primera, las encontraba en bares de solteros, grupos de spinning y hasta baile de salón. Aprendí a beber poco, durar mucho y bailar bien.
Un día la encontré, una verdadera devorahombres, su fama la precedía. Nos miramos, nos medimos y decidimos empezar a jugar a creernos todo lo que nos decimos. Mañana cumplimos seis años de casados.
Un día la encontré, una verdadera devorahombres, su fama la precedía. Nos miramos, nos medimos y decidimos empezar a jugar a creernos todo lo que nos decimos. Mañana cumplimos seis años de casados.
sábado, 22 de diciembre de 2012
Visión del apocalípsis V
La economía mundial colapsó en su desesperado intento de mantener un capitalismo salvaje. Los gobiernos de casi todas las naciones comprendieron muy tarde que se encontraban a disposición de los grandes consorcios comerciales, la bancarrota de las naciones era evidente, los rescates bancarios onerosos y pagados por el pueblo. Todos se cansaron, decidieron volver a vivir por y para la tienda de raya. Los esclavos de este Siglo pagamos nuestro propio sustento.
Sonrisas II
Mantengo una sonrisa como mi mejor carta de presentación, no tengo los dientes lindos, tampoco me ha importado mucho, pero siempre es sincera. Esa sonrisa refleja el ser que deseo ser siempre, aquel que no se encuentra atribulado por la cuestión monetaria, ni por tener un trabajo por temporadas. esa sonrisa aparece al ver a mi hijo crecer, el notar que cada día se involucra más en las charlas, me cuestiona más, observa más.
Esta sonrisa lamentablemente no puede ser permanente. Me estruja el corazón cuando no puedo dejarla salir.
Esta sonrisa lamentablemente no puede ser permanente. Me estruja el corazón cuando no puedo dejarla salir.
lunes, 17 de diciembre de 2012
Volar con alas de Hada
A mi me sucedió al revés, en lugar de dejar de creer en las hadas conforme crecía, cada día creía más en ellas, en sus presencias tenues e invisibles.
Sabía que revoloteaban constantemente a mi alrededor, que dormían sobre mi almohada y despertaban con el primer rayo de sol que cruzaba mi ventana, creí tan fervientemente en ellas que un día, cuando ya lo había perdido todo, aparecieron.
En el 99 perdí todo, mi dinero, mi esposa, a mis hijos y los deseos de vivir. Caí en una terrible depresión la cual me arrojó de lleno al alcohol. Nadie podría decir que el mugroso vago teporocho en el cual me había convertido, había sido el respetable Contador Castañeda.
Pasé así mucho tiempo, dejé de contar los días y me perdía dormido, borracho y despierto meses enteros. Aunque siempre acompañado de mis Hadas, las cuales no me tenían asco o desprecio, solamente aleteaban entre mi barba crecida y sucia, me acompañaban cada vez que bebía de una botella y escuchaba sus risitas traviesas.
Un día sucedió que se dejaron ver. así nomás, con sus cuerpecitos transparentes, distintos a los de las hadas de caricatura, unas eran altas como árboles, otras pequeñitas como una motita de polvo. Ahí estaba yo, delante de tantas Hadas, con tantas formas y cabezas de mujer y de ciervos y de conejos y cuerpos de colibríes, de ratones y de princesas. Pensé que me había vuelto loco finalmente, pero no fue así, me hicieron que las siguiera hasta un callejón, y ahí, en medio de los botes de basura había una hendidura no más gruesa que la palma de mi mano, pero pude entrar sin problemas.
En esa entrada al reino de las Hadas todo era una cálida luz amarilla, mis ropas comenzaron a caer poco a poco y otras llenas de joyas comenzaron a aparecer sobre mi cuerpo, las hadas bailaban en formas de animales, de mujeres, de flores. La música era tan bella que me arrancaba lágrimas y después de mucho tiempo, volví a sentirme sobrio.
Titania, la Reina de las Hadas me hizo sentarme a su lado, mientras veíamos bailar a las demás hadas, comencé a rozarle la pierna con mis manos que habían dejado de estar sucias y callosas, ella sin mayor ceremonia, volteó y me besó de una manera mágica, me devolvió con ese dulce beso mi virilidad perdida, comencé a disfrutar más y más de esa música maravillosa, sujeté a Titania de las muñecas y comencé a hacerle el amor, con mi renovado brío, ella se dejó hacer y después vino otra hada y después otra más.
No dejaba de acariciar, de besar, de sentir como nunca antes lo había hecho. Una vez saciado, me regalaron oro y joyas, pero lo que en verdad deseaba era jamás abandonar ese lugar maravilloso, jamás dejar de escuchar esa música, no volver a sentir otra luz que no fuera la emanada por el brillo de tantas hadas juntas. Sin embargo al momento en que todas las hadas dieron la decimotercera vuelta al trono de Titania, salí despedido por una extraña fuerza hacia ese apestoso callejón.
Me sacudí la ropa y me di cuenta que era la ropa que me regalaron las hadas, además me habían puesto un par de alas transparentes, caminé hacia la avenida y me percaté que nadie me veía, era yo joven de nuevo, lleno de vigor, podía volar y poco a poco comencé a olvidar quién había sido. Nací nuevamente, por un capricho infantil y obstinado de jamás dejar de creer en las hadas.
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