jueves, 30 de octubre de 2014

"Tan solo nosotros"

Nuestro encuentro fue completamente fortuito, sin esperar nada tal vez por eso hemos continuado juntos, porque jamás tuvimos expectativas el uno en el otro; bueno al principio he de confesar que sí tenía muchas expectativas, te imaginaba una especie de diosa del sexo, una ninfómana descarriada que trataba de saciar sus ganas y por eso me habías dado entrada.

Te imaginé con un corsé de cuero negro, botas altas de tacón y nada más. Había visto tus fotos, algunas muy sugerentes y ese exótico tatuaje en medio de tus senos, llamaste mi atención de inmediato con tu mirada, tu boca y ese revelador escote. Decidí iniciar una charla casual, tal vez empezar por el clima o la inseguridad de nuestro país pero después y meditándolo mejor, decidí que lo mejor era tratar de conocerte aunque no acostumbro intimar demasiado con las personas que conozco en las redes sociales, solamente me involucro de manera profesional, pero hay algo en ti que hace en mi cuerpo una reacción en cadena y solamente al mirar tus imágenes.

Sin nada que perder inicié una plática aparentemente desinteresada, eres reservada y eso me encantó, poco a poco nos comenzamos a conocer, yo tratando de controlar mis ganas y deseando que esas mismas ganas las compartieras conmigo; supimos un poco de la vida de cada uno, deseaba ser especial para ti, que lo que me cuentas sea exclusivo para mi conocimiento, para que te de una opinión o un consejo, lo que te he compartido así ha sido, solamente tú lo sabes.

Todos los días despierto ansioso y reviso mis mensajes, con suerte aparecen algunas palabras tuyas y con más suerte aún alguna foto. Tal vez esa mañana empezó verdaderamente todo; después de ver tu imagen mostrándome un poco más que tu generoso escote y apenas una sonrisa de labios carnosos sobre tus senos, mi reacción fue inmediata y en todo el día no pude concentrarme en mi trabajo, medité toda la tarde si debería de corresponder a tu regalo y llegando a casa me tomé una foto y sin pensarlo más la envié. Pasaron unos minutos y respondiste con una carita feliz, un dulce calor se apoderó de mí ser.

Son extrañas y deliciosas todas y cada una de esas sensaciones algunas de latente excitación solamente al leerte, otras cada vez que compartimos imágenes electrónicas; hasta aquella madrugada que me armé de valor y te propuse vernos en persona, marcaste de inmediato y por primera vez te escuché, tu voz me sedujo, aunque todo lo que hasta ese momento habíamos compartido pasó a un segundo plano cuando me dijiste que aceptabas el encuentro. Mí pasión volvió a crecer y te envié la prueba de ello, una imagen solamente para ti.

Una semana después preparaba mi mochila con un cambio de ropa, media docena de velas con aroma, unas cuantas varitas de incienso y una botella de vino tinto. En cuanto salí de la oficina me dirigí a la terminal de autobuses y compré el boleto hacia tu ciudad, acordamos que en cuanto llegara te llamaría para decirte en dónde me iba a hospedar, así lo hice apenas llegando, te marqué y me dijiste que tenías que arreglar un par de cosas, dejar encargada a tu hija y que en una hora y media a más tardar estarías conmigo.

Esperé ansioso, encendí la televisión para que me hiciera compañía, traté de imaginarte de cuerpo entero y no en fragmentos electrónicos, traté de hacerme una idea de tus verdaderas dimensiones, de tu aroma y del sabor de tus labios. Pasó  una hora y después una hora más, eran cerca de las nueve de la noche y no contestaste a ninguno de los 45 mensajes que te mandé dándote el nombre del hotel, el número de habitación y demás detalles, diciéndote 45 veces que estaba ansioso de verte. Esperé media hora más y ya moría de hambre, apagué las velas que había encendido media hora antes y bajé al lobby.

Le pregunté al encargado si había un restaurante típico cerca de ahí y me dio indicaciones para llegar al más cercano, me dijo que saliendo encontraría una cenaduría y que preguntara por doña Cata. Salí un poco malhumorado y muy preocupado por tu tardanza. Apenas saliendo del hotel un taxi verde se detuvo a entrada, bajaste bastante agitada en cuanto terminaste de pagar, te reconocí de inmediato pero no me viste, pasaste a mi lado haciendo sonar tus tacones, te ves hermosa, tu perfume quedó en el aire y olvidé lo hambriento que estaba, el malhumor y la preocupación que me embargaba.

Me acerqué a ti mientras le preguntabas al empleado por mí habitación; todavía invisible para ti te pude admirar a mi antojo, contemplé tus caderas, tus piernas torneadas por los tacones, tu cabello debajo del hombro recién peinado y alaciado de salón, comprendí el porqué de tu tardanza, eres tan alta como yo con los tacones, me gustaste más de lo que ya me gustabas; por fin escuchaba tu voz sin filtros, sentía tu aroma, tu cuerpo tan cerca.

Con cuidado desde atrás de ti sujeté tu cintura y emitiste un pequeño grito ante la mirada divertida del encargado; volteaste sorprendida, nuestros ojos se miraron por primera vez, te abracé con todas mis fuerzas después de admirarte de frente, tu discreto escote y la belleza exótica de ese tatuaje. Nos quedamos mudos unos instantes y sin decir nada más nos apretamos el uno contra el otro acercando nuestros labios para fundirnos en un delicioso y apasionado beso, el primero de la noche.


Después de ese primer beso, al tenerte sujeta de la cintura y al caminar hacia la habitación dejo de narrar esta historia, porque una vez que crucemos el umbral, podremos narrarla juntos.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Mexicalia III


El sistema de canales navegables en la Ciudad Capital Administrativa del Imperio Mexicano se rehabilitó después de 1915, una vez que los connatos de revueltas sociales fueron hábilmente controlados por el Primer Ministro José de la Cruz P. Díaz Mori. En parte como medida estratégica, pues una ciudad rodeada de agua y con solamente cuatro calzadas para acceder al centro se volvía casi invulnerable a los ataques terrestres. Además de lograr con esa construcción de canales artificiales legarle a la Ciudad, además del tan conocido epíteto de “Ciudad de los palacios”, el nombre de “La Venecia bajo los volcanes”. Sin duda se trata de una maravilla de ingeniería hidráulica sin precedentes.

Los canales han cambiado desde entonces, actualmente descuidados y llenos de basura, repletos de vendedores navegantes en chalupas, las trajineras de la ruta 2 tratan de ganarse el pasaje poniendo en peligro a propios y extraños, las pocas trajineras particulares atoradas en ese cruce de canales que a la hora del almuerzo se ponen imposibles, hacen del viaje algo un poco menos que funesto. El Alcalde de la Ciudad ha iniciado una campaña de ordenamiento civil, además del saneamiento y dragado de canales; un trabajo de drenaje cerrado que impida que los desechos sanitarios terminen en los canales o en los lagos de agua dulce

Los niños comienzan a salir de sus escuelas y los atracaderos están a reventar, la mayoría utilizan las características trajineras amarillas, los oficinistas se desplazan a la hora del almuerzo, los canales siempre transitados, algunos paralelos a las calzadas, o rodeando a los innumerables jardines flotantes a las hermosas mansiones adaptadas como restaurantes o edificios de apartamentos; cientos de chalupas, o pesadas trajineras llegan a los mercados y centros comerciales descargando sus productos, en algunas zonas de la ciudad se juntan trajineras amarradas para crear enormes mercados flotantes, la vista desde los bellos edificios de despachos o desde los departamentos construidos en cantera rosa o tezontle muestra una serie de líneas brillantes creando una cuadrícula mágica y única en el mundo.

Cayendo la tarde un grupo de Zancudos hacen malabares en medio del canal esquivando a los gendarmes y a otros artistas canaleros, abundan tragafuegos y niños vestidos de payasitos nalgones con máscaras del Primer Ministro del Imperio. Los oficinistas comienzan a salir de sus centros de trabajo y se dirigen a la pulquería más cercana, algunos otros al billar o a los teatros de variedad. Las líneas de tranvías que recoren por tierra la ciudad complementa la red acuática.

La vida cotidiana en la Ciudad es pintoresca, la noche recibe a los paseantes en trajineras de fiesta, puedes beber cerveza, vino o pulque, algunas ofrecen antojitos o cenas completas; algunas implementan tours musicalizando el paseo con marimba, con mariachis y otras, las que ofrecen una experiencia romántica son amenizadas por tríos. Las trajineras han incorporado a sus talentos a grupos andinos o trovadores cubanos, las veladoras en las proas de estos humildes y prácticos transportes le dan un toque irreal, todas las noches se disfrutan y muchos trasnochadores terminan en la plaza de Garibaldi o en los famosísimos caldos de Indianilla, cerca de la terminal de tranvías.


Dejando de lado el mal olor y la basura de algunos canales, los esfuerzos gubernamentales para hacer de la Ciudad de México la Joya de la corona imperial va ganando adeptos; la ciudadanía empieza a tomar conciencia ensucia cada vez menos, desea regresar el esplendor a esos canales en los que sus abuelos navegaron y describieron tantos poetas y novelistas, finalmente es en beneficio de todos.

lunes, 20 de octubre de 2014

Viaje a Geadanimus

Para Neborah no todas las cosas a las que hacían referencia le eran totalmente desconocidas, comprendía el idioma, de hecho comprendía más de 17,554 formas de lenguaje y comunicación, incluso lo que en este planeta le llaman “telepatía”, obviamente era más fácil comprender la imagen mental de algún objeto o su aplicación, dentro del contexto. Lo que no terminaba de comprender era cómo lograban los humanos decir algo, pensar en otra cosa y sentir de diferentes maneras y todo al mismo tiempo.
Recordó su primer viaje a Geadanimus, su primera transformación en humana, la mayoría de los humanos la encontraban sumamente atractiva y al parecer al tenerla cerca la mayoría pensaba en aparearse con ella, de acuerdo a la primitiva forma de hacerlo de los humanos, resultaba extraño y a la vez divertido el escuchar la conversación y descubrir todas las imágenes mentales que iban creando en su presencia.

Los humanos le divertían mucho, eran tan caóticos y complejos como cualquier habitante de HIyyatta, con la diferencia que los humanos no devoraban tu alma. Cada vez que Neborah viajaba al planeta Geadanimus, o mejor conocido como Tierra, pasaba tres o cuatro ciclos temporales, cambiando de cuerpo y género, lo que no era difícil, pues en su planeta natal son energía pura y la energía no tiene género alguno.

Había decidido que en este viaje a Geadanimus solamente usaría un cuerpo femenino y estudiaría todos los comportamientos humanos, ya le habían advertido que ese tipo de investigación, puede resultar muy desgastante y en algunos casos hasta peligrosa. A Neborah no le importó realmente, quería adentrarse en el cuerpo como nunca antes lo había experimentado, uno de sus relativos (familiares), lo había hecho en quince ocasiones es tantos planetas diferentes y le dijo que no tuviera miedo, que su esencia era tan poderosa que estaría a salvo.

Se concentró y el cuerpo se estremeció, una delicada y frágil forma humana contenía su ser de energía pura, decidió que el mejor era usar un cuerpo que los humanos contemplaran como algo normal y no llamase mucho la atención. Hizo mentalmente una imagen, de lo que considera un cuerpo promedio, cabello largo y oscuro, ojos cafés, un metro sesenta de estatura, y una edad aproximada de treinta años terrestres, salió del callejón donde había aterrizado, caminó tranquila hacia la calle, al voltear a la izquierda sonrió al ver su imagen reflejada en una enorme vidriera, siguió el rumbo tratándose de acostumbrar a su cuerpo.

La gente volteaba a verla extrañada, las mujeres tapaban los ojos de sus acompañantes y de sus niños, algunos muchachos comenzaron a gritarle cosas, Neborah muy segura de sí misma siguió caminando sin prisas sonriendo al sentir la calidez del sol sobre su piel, la brisa que hacía que su larga cabellera se moviera libremente. Minutos después la alcanzaron un par de policías femeniles. Quienes sin mediar palabra le colocaron una chamarra encima, y la metieron dentro de una patrulla. Neborah, en su emoción de estrenar un cuerpo humano cometió un error de principiante, olvidó vestirse.

lunes, 13 de octubre de 2014

Mexicalia II

La brigada de Súper Policías, descendía de sus vehículos descubiertos, continúan el patrullaje a pie, los niños los rodean fascinados, los saludan, las capas ondeando a cada paso, sus botas brillantes, sus torsos desnudos luciendo impresionantes musculaturas, las máscaras azul marino y azul cobalto que cubren sus rostros, el resto del uniforme lo componen unas mallas reforzadas con rodilleras, existen dos tipos de máscaras, las primeras completas en las cuales solamente se asoman los ojos, la nariz y los labios del elemento policiaco, siendo estás las preferidas por los policías veteranos, las máscaras de los novatos con abertura en el mentón. Las nanas y las mamás suspiran por lo bajo al verlos, los hombres los miran con admiración y un poco de envidia.

Su imagen inspira respeto y emoción. Cada máscara aperentemente es idéntica una de la otra salvo por el número de placa de cada elemento, la delincuencia ha descendido considerablemente desde que se creó esta brigada policiaca, los ciudadanos se sienten más seguros y el turismo ha regresado a la ciudad, además de haber disminuído considerablemente los casos de vampirismo y licantropía.

En cuanto al combate de la delincuencia, este grupo especial de la policía capitalina ha desarrollado en base a la lucha libre mexicana una serie de movimientos de defensa personal y de sometimiento, son expertos en lucha al ras del pavimento e incluso se han reportado casos en los que los Súper Policías han hecho lances mortales desde buzones, bancas o botes de basura. La técnica más utilizada es "El sometimiento policial" una llave consistente en una palanca al brazo combinada  manita de puerco. dolorosa pero que no deja secuelas graves.

Cada pareja de Súper Policías Detectives (el grado máximo entre los Súper Policías Operativos) cuenta con una patrulla descapotable de tipo deportivo, lo que deja las capas azules moverse libremente.

No es sencillo ingresar a la Académia Metropolitana de Lucha Policial,  los mejores luchadores del país, tanto rudos y técnicos, ofrecen sus enseñanzas a todos los aspirantes a Súper Policías, después de tus primeros seis años en gymnasium (lo que equivale a la desaparecida educación primaria), los adolescentes cubren su servicio social deportivo en los distintos Gymnasiums superiores y de ahí eligen entre una carrera deportiva profesional social, ya sea en la policía, fuerzas armadas o como entrenadores.

Desde que se inició el programa de Gymnasiums la delincuencia juvenil, las adicciones y la obesidad han disminuído sensiblemente en toda la sociedad, la filosofía de la Lucha Libre Mexicana en donde los valores familiares son retomados de manera importante, la nocion ética del bien y del mal y la salud física como refuerzo a la salud integral han logrado grandes logros sociales. El programa se ha tratado de replicar en otros paises, sin embargo nada supera el espíritu mexicano.

martes, 30 de septiembre de 2014

Mexicalia I



De tantos sabores y colores se crea un mundo mágico, en donde todos son familia, donde todo es pachanga y apapacho aunque seas Güero o Prieto, donde todos beben y son felices y hasta cuando sufren cantan. Ésta es mi Mexicalia, el lugar ideal donde la Catrina camina del brazo de Cuauhtemoc, donde un humilde indito llegó a ser Presidente de la República y la comida es barata.

Mi Mexicalia en donde los cuentos de la abuela te hablan de Chaneques, de Chamanes y Nahuales, donde te hablan de la ciudad más grande del mundo y de sus más de cien museos, de sus palacios, de su Historia heróica. Un lugar a donde la vida es lo mismo que la muerte y que si estamos jodidos es porque lo merecemos, pero en donde cualquier cabrón hace lana.

Este mundo ideal, el de los cuentos narrados en nuestros libros de Historia, en donde muchos dan por hecho que la leyenda de los volcanes es verídica, logramos combinar lo más extraño del surrealismo con una variedad infinita de colores chillones. Todos bienvenidos, pero no todos salen bien de aquí, de este lugar de sueño y pesadilla, de contrastes y divisiones, que no vemos hasta vivir aquí.

Perdámonos en un mundo en el cual los Luchadores caminan por la calle y capturan hombres lobo o vampiras, al lugar donde suena el mariachi, donde cada alimento puede enchilarte hasta hacerte volar por los aires, donde los aztecas, danzan todos los días para que el Sol salga nuevamente, donde las cantinas son para los machos y ellos usan bigote y cantan como el que más, este lugar mágico donde no existe la muerte y si existe es de a mentiritas.

martes, 12 de agosto de 2014

Mi pequeña Simón

I. 
El autoconocimiento


Cada día me es más difícil sorprenderme, voy perdiendo desde hace tiempo la confianza y la fe en la humanidad, mi capacidad de asombro solamente se ha centrado en las tantas y más diversas formas en cómo los sicarios acaban con sus víctimas, muy pocas cosas positivas me conmueven; me doy cuenta cuán mezquino me he vuelto, a cada instante me pregunto si estoy haciendo lo correcto o solamente paso el tiempo por pasarlo, hasta que el fin último me alcance. En unos días más cumpliré cuarenta años, si es que llego.

II. 
El encuentro.

Salía de una librería de viejo en el centro de la ciudad, después de haber encontrado un par de novelas de Ciencia Ficción de los años setentas, seguía obsesionado con escribir una novela, un poco más por capricho que por verdaderas ganas, esas habían pasado años atrás cuando me consideraba una promesa de la literatura internacional, un lustro después me consideraba una promesa de la literatura nacional, desde hace un par de años ya ni siquiera he pensado en creerme una promesa de nada, no sería la primera promesa que rompo. Aun así seguía con mi proyecto interminable de vida, la novela que a mi juicio revolucionaría la Ciencia Ficción de mi país, lo que me hacía justificar mi cinismo aparente aunado con esa actitud de Escritor sarcástico y atormentado que tanto le llama la atención a mujeres generosas y sobreprotectoras.

La tarde como cualquier tarde, no tenía nada de especial, ni tanto sol, ni tantas nubes, tampoco calor, una tarde para el olvido, hasta el momento en que te volví a ver. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Tres años? Cuatro a lo más, caminabas diferente, eras la misma niña, la más hermosa de la prepa, pero ya con algunos años más, definitivamente ya eras mayor de edad, no dejé de verte y yo invisible para ti, pasaste a mi lado y por un segundo pensé en seguir mi camino en sentido contrario, pero era una tarde para el olvido y quise cambiar eso, por un instante volvía a tener el control de mi vida.

Por un momento me sentí como el Profesor Humbert Humbert, después de esos segundos de duda armándome de todo el valor posible caminé más deprisa hasta casi alcanzarte, observé como mi brazo cobraba vida propia y te tocaba en el hombro, de inmediato te volviste entre asustada y enojada, no me reconociste, pensé en ofrecerte una disculpa y dar media vuelta de inmediato pero algo me hizo pronunciar tu apellido y tratar de esbozar una sonrisa. Es precisamente este momento el que jamás quiero olvidar, en medio de la acera, con gente que nos rodeaba con su corriente de pasos apresurados un río interrumpido por nosotros, un breve instante y después de observar en tus ojos el evidente esfuerzo mental que correspondía a recordar mi rostro, sonreíste finalmente y pronunciaste mi primer nombre en diminutivo. En esos instantes mi corazón volvió a latir.

Con la fugacidad del encuentro, una extraña emoción de encontrarte después de no haber pensado en ti desde el día de la graduación y ocasionalmente durante esos tres años soñarte. Instintivamente me acerqué para besar tu mejilla, extendí mi mano torpemente para saludarte, quise parecer más relajado, durante ese año de dar clase en la preparatoria me hice fama de estricto e intransigente. Me sorprendió tu reacción, me abrazaste y pude percibir tu delicioso aroma debajo del dulce perfume, te devolví el abrazo pero me quedé con tu aroma, con tu sonrisa y mi nombre pronunciado por tus labios. Comenzamos a caminar en el mismo sentido, bombardeándome de preguntas, ¿Por qué no me quedé un año más en la prepa? ¿Por qué no fui a su graduación? ¿Qué hacía ahora? ¿Qué sabía de los demás maestros? ¿Por qué no nos habíamos vuelto a ver?

La tarde caía poco a poco, entramos en un café de chinos, con la sorpresa del encuentro, fui despejando tus dudas una por una, y yo comencé a preguntarte también, qué era de tu vida, y qué hacías tan lejos de tu casa, no me respondiste de inmediato. volviste a ser esa niña hermosa e ingobernable, voluntariosa y divertida, agarraste mi boina del perchero y te lo pusiste diciéndome que no me la ibas a devolver. Tomamos dos tazas de café y compartimos unos bisquets, nos acordamos de alumnos y maestros, de los chismes que siempre rondan en una escuela, extrañé esos momentos de pararme frente al grupo, te confesé mi terror diario a enfrentar a tu grupo en particular, nunca lo imaginaste siquiera, en verdad lo que me aterraba era que te dieras cuenta que verte me ponía muy nervioso, me gustabas, me sigues gustando y hoy que te veo me vuelvo a sentir cuatro años más joven, cuatro años sin autosabotearme, cuatro años para volver a ser promesa de algo, como maestro, como pareja, como novio, como amante, como escritor.

El tiempo voló, mi imaginación también. Me ofrecí a acompañarte a tu casa, aunque no era tan tarde me preocupaba que te fueras sola, pagué la cuenta y salimos al río de gente, empezamos a navegarlo en lugar de solamente unirnos a la corriente, continuaban las risas, tu risa maravillosa, y tu aroma y tu perfume. De las risas al silencio, un silencio cómodo en el que ambos nos sentimos a gusto, te ofrecí mi brazo y deslizaste el tuyo, tomé tu mano, a cada paso rejuvenecía y percibía cómo madurabas. Rompiste el silencio, me dijiste que estabas perdida, que así te sentías, que sentías que podías confiar en mi, tus ojos comenzaron a humedecerse y no dijiste nada más. Yo también me sentí así, perdido.

III.
El reconocimiento

Siempre he sido adaptado, pero no me gusta la gente, digamos que la tolero, multitudes, grupos, parejas, terminan siempre por alejarse sin saber por qué, tal vez mi propio rechazo inconsciente, pero hasta aquel encuentro contigo me di cuenta lo ajenos que somos los unos de los otros, no nos interesa crear lazos, interactuamos, llegamos a sentir afectos, pero al parecer no son lo suficientemente fuertes como para poder mantener una relación unida, al platicar contigo caí en cuenta que estuvimos juntos todo un año y jamás nos conocimos, a pesar de que ahora compartimos la sensación de estar perdidos, sin rumbo, sin muletas. Me pediste detenerme en la esquina de la calle en donde vives, insistí en llevarte a la puerta de tu casa, pero me pediste que no lo hiciera, ya no insistí aunque me bajé para abrirte la puerta, me besaste en la mejilla y en esta ocasión yo te abracé, con la intención de cubrirte con mis brazos y hacerte sentir protegida, volví a envejecer mientras me despedía de ti.

Quedamos vagamente en volver a vernos, tentativamente sería la siguiente semana el mismo día en el café de chinos, no había nada que más deseara en verdad que volver a verte, quería comenzar a conocerte, enamorarte, descubrir lo que durante ese año me fue vedado, ya eras mayor de edad como bien supuse, pero no dejas de ser una niña. Te vi alejarte, quise con toda mi alma que voltearas una última vez, lo hiciste y me regalaste una sonrisa más, agité mi mano para despedirme de ti y un vacío enorme comenzó a apoderarse de mi estómago, esa misma sensación que cuando empezaba a escribir mis cuentos en el taller de literatura, la misma sensación antes de arrojarme de una plataforma de cinco metros, la emoción de volver a ser una promesa.

Al día siguiente y los subsecuentes no dejé de pensar en ti, me imaginaba besándote, abrazándote y acariciando tus labios y tu cabello, volví a escribir, arrojé a la basura la novela que durante tantos años utilicé como caparazón, traté de evocar tu sonrisa, tu mirada al reconocerme y tu aroma, te imaginaba y escribía, escribía y te imaginaba, mis días se convirtieron en una incansable búsqueda de recuerdos, viajé cuatro años atrás en el tiempo, recordándote en las gradas acompañada de tus amigos, mi primer clase con tu grupo, las constantes faltas de tarea, pero tu curiosidad constante. Me sentía un poco perverso al pensar tanto en ti, te imaginaba rodeada de flores, de besos, ilusionándome y deseándote, ya eres una mujer hecha y derecha en busca de tu lugar en el mundo.

Durante las noches te visualizaba, rodeada de tus compañeros, traté de recordar a alguien más, pero todos los rostros eran difusos excepto el tuyo, la noche siguiente busqué el anuario y encontré tu foto, te busqué en las páginas de actividades, aparecías en casi todas, busqué mi foto y no estaba, al parecer ese día no me tomé la foto oficial y nadie tuvo la amabilidad de decirme, aunque aparecía en las fotos de la graduación y en un festival como maestro de ceremonias. Sonreí nuevamente, mirarte se convirtió en un ritual antes de dormir.

A la semana siguiente llegué más temprano de lo habitual, te había comprado flores y la mesera me miró enternecida, pasaron los minutos y las horas. No apareciste. Una dolorosa ira comenzó a inundarme, pagué mi cuenta y dejé las flores en la mesa, salí enojado a la noche, salí entrechocando mis dientes, me prometí jamás volver a verte, pero una inquietud me recorría el cuerpo, un temor profundo a no volver a encontrarte, a no volver a saber de ti. Me dirigí hasta tu calle, la recorrí de arriba abajo, pero jamás habría encontrado tu casa, estuve tentado en tocar puerta por puerta, pero no creí que sirviera de mucho. Regresé a mi casa y miré tus fotos una vez más.

IV.
La despedida.


Ya pasaron cuatro años más, no volví a saber de ti aunque todas las noches te miraba. Llegaron los teléfonos celulares y el internet, traté de encontrarte en las redes sociales y nada. Desde esa noche cuando nos volvimos a ver además de ver tus fotos en el anuario, comencé a escribir de nuevo, desde ese día a la fecha escribí tres libros, en cada uno me imagino una vida a tu lado, eres la heroína de esos relatos, vivimos aventuras, nos unimos y nos separamos y nos volvemos a encontrar, solamente en palabras, en letras que guardan tu aroma, que llevan en cada frase un poco de tu sonrisa, pero hasta ahora en ningún relato me atreví a mencionar cuánto te amo.

viernes, 2 de mayo de 2014

Conteo de viernes

Regresas, a diversos lugares, a distintas situaciones que parecen las mismas, retornas, vuelves a ver a la misma gente, ahora tan igual, descubres que sin querer te dejas hacer y en veleta te conviertes, sin rumbo, pero sin sentirte perdido.

Es ahora, la vida la que retorna a ti, has sido paciente y la recompensa es esa, regresar mejor, regresar indistintamente , regresar al regreso, tener una nueva oportunidad.

Ya no eres quien fuiste, porque siempre has sido el mismo, eres lo mejor de ti, lo mejor de tus creencias y de tus miedos esto lo supiste siempre, pero ahora no es necesaria la intervención de nadie más para que lo veas en ti.

Cambias, mutas, regresas para seguir siendo el mismo.